LAS GANANCIAS DE LAS PÉRDIDAS

Al mal tiempo, buena cara; sacar el lado positivo de las cosas; si la vida te da la espalda, tócale las nalgas… Son algunas de las frases que hemos escuchado o dicho en distintos momentos de nuestra vida. Hay una que a mi me gusta mucho: “Si la vida te da limones, haz limonada” (¡¡o pide tequila y sal!!).

¿Has intentado hacer limonada con los limones que te da la vida? Cuando tenemos limones, o nos conformamos con lo amargo y lo ácido de la vida o aprendemos a sacar provecho a lo que tenemos, exprimimos el jugo que sale y disfrutamos de ello.

Las cosas no tienen un solo lado. La clave está en poder ver “el otro lado de las cosas”. Hay quienes ven nevar mirando tras la ventana, como observadores de una vida que ellos no se atreven a vivir; y hay quienes salen a mojarse con los copos que caen y se empapan haciendo bolas de nieve.

Cada decisión que has tomado en tu vida te ha llevado donde estás ahora. Quizá te dejaste llevar por la corriente, quizá era lo que otro quería para ti…pero si te planteas que el rumbo tiene que ser distinto, no puedes “no hacer nada”,  sino que puedes virar el timón y seguir navegando. Todo avance trae dudas, incertidumbre, inseguridades… pero lo importante es que puedas darte cuenta que nunca es tarde para empezar a crear la vida que quieres.

¿Decides o deciden? ¿Caminas o te llevan? ¿Saltas o te empujan?

Decidir cambiar el rumbo lleva tropiezos, pero los pasos siempre son los mismos: caerse, levantarse y volver a caminar. El camino no es llano, el mar no siempre está calma, pero si eres tú quien lleva el timón el viaje lo harás con mucha más seguridad. La vida se va y no te va a esperar.

PSICOTERAPIAAl escribir estas líneas me vienen multitud de situaciones en las que una persona piensa que está perdiendo algo, cuando en realidad está ganando mucho.

Atravesar por un proceso de separación se asocia inmediatamente con pérdidas… la disgregación familiar, el reparto de bienes, la soledad…pero no solemos pensar en las ganancias encubiertas en esas pérdidas. Son los miedos al cambio y a la incertidumbre los que nos mantienen muchas veces en la “zona de confort”  haciendo de nuestra existencia una rutina sin plantearnos alternativas posibles. Es el miedo a encontrarme si te pierdo…Miedo a tener control o a mi descontrol. Más miedo a perder que motivación por ganar.

Por eso cuando aparece otra persona, un nuevo o antiguo amor y me empuja a tomar la decisión de poner fin a esa que creía mi vida, no es más que una justificación para atreverme a dar el paso que el preso ansía. Esto, puede llegar a resultar más sencillo que decirte: “no sé qué me pasa, qué nos pasa, no siento lo mismo, no quiero seguir contigo aunque te quiero”.

Perder la casa que hasta ahora había sido mi casa o el negocio que llevamos a medias, o renunciar al mismo para que mi presencia no te incomode es, en muchas ocasiones, GANAR vida. Perder un poco de ti, de lo que te pertenece, es ganar independencia, ganar libertad, ganar control sobre tu vida y la capacidad de poder elegir.

Atravesar momentos duros o sentir una profunda tristeza con la vivencia de  circunstancias adversas, nos dota también de un efecto protector. El dolor emocional nos fortalece y nos ayuda a tomar el impulso necesario para seguir nuevos caminos.  Hay algunos animales que necesitan hibernar para protegerse así de las durezas del invierno, y salir vigorosos tras él.

Claro está que si hablamos de separaciones, una parte siente que gana y otra que pierde. Importante es poder ver dónde estás poniendo tu foco de visión. Se pierden nucleos afectivos, se pierde a veces la crianza de los hijos (a veces su amor), se pierde una familia, una seguridad emocional, a veces una seguridad económica y un nivel de vida asociado a la misma… se pierde hasta el saber quién es uno mismo. Hay que aprender quién soy yo ahora y quién es esta compañera de viaje “que se llama soledad”.

En muchas ocasiones hemos deseado alejarnos de todos pero por distintas circunstancias no hemos dado ese paso aunque solo fuera por minutos. Los momentos de estar solos son valiosos porque permiten la introspección y relajación. Una mamá me expresaba que necesitaba irse una hora al Spa pero que era incapaz de hacerlo porque ello significaba tener que dejar a su bebé al cuidado de otra persona y concebía que este gesto era de una madre egoísta que se va a disfrutar de unos minutos sola mientras su bebé la necesita, sin plantearse que “perder” esos minutos de presencia la dotarían de unas ganancias mayores al aportarle calma, serenidad, bienestar… Una mamá estresada y angustiada tendrá un bebé estresado y angustiado.

Retirarnos “a ratitos” del mundo exterior y de la interacción con los demás hace que nuestro mundo interior también se nutra. Aprender a no depender de otros para estar satisfechos es una buena receta para ganar autonomía y fortalecerse para cualquier dificultad. Cualquier dificultad es pasajera, pero también la felicidad lo es.

La vida es para compartirla con quien decidas ir de la mano. Poder caminar sacando el lado bueno de las cosas no es cuestión suerte, sino de sentir que cada paso que das es una pieza más que forma el puzzle de tu vida, ese que da sentido a tu historia personal.

Sacar la ganancia de la pérdida sólo es posible si se quiere…. si no, seguiremos pensando que el mundo es un monstruo que nos persigue, que nos tiene manía y que mi persona es un gran “cenizo” que tiene muy mala suerte.

Lo inevitable es vivir con o sin, contigo o sin ti, aquí o allí, conmigo o sin mí. Lo valiente es que puedas decidirlo tú.

PSICOTERAPIA

LOS CUENTOS CUENTAN

Cuando en sesión nos cuentan un sueño, es casi como escuchar una narración, un cuento… Nuestro cerebro no puede quedarse con huecos o páginas en blanco y va a tratar en todo momento de narrar historias para dar coherencia y sentido a nuestra existencia, a nuestro vivir.

Los niños son verdaderos narradores de historias. Para Freud, el niño construía una novela sobre sus propios orígenes que le ayudaba a liberar su angustia, ya que continuamente el niño se pregunta si está en buenas manos.

El mundo infantil está poblado de gigantes que hay que dominar y de brujas a las que hay que vencer” A. Storr

El mundo interior del niño es como un gran puzzle en el que él mismo debe ir cogiendo y seleccionando las piezas hasta formarlo por completo. Las grandes cuestiones filosóficas que dejan sin respuesta a muchos de sus progenitores, van encaminadas a dar sentido no solo a su existencia sino al mundo en general. Por todo ello, la educación de un niño es la de ayudarle a encontrar sentido en la vida. Son necesarias muchas experiencias a lo largo de todo el desarrollo para aprender a comprenderse mejor, para ser capaz después de comprender a los otros. Solo así desde niños somos capaces de establecer relaciones llenas de significado.

“SOLO LA ESPERANZA PUEDE SOSTENERNOS EN LAS ADVERSIDADES CON LAS QUE, INEVITABLEMENTE, NOS ENCONTRAMOS”.

Las primeras experiencias que promueven esa CAPACIDAD DE APRENDER A ENCONTRAR SENTIDO a su vida y a la vida en general, vienen dadas por los padres y aquellos que ejercen la función de cuidadores.

Nuestra herencia cultural es otro de los factores claves en la transmisión del sentido de la vida. Y en este sentido, cuando somos pequeños, la literatura es la que mejor aporta esta información. Pero me refiero a una literatura en concreto y no a aquella que tan solo aporta hábito en la lectura o la adquisición de reglas… Debe ser una lectura que aporte algo importante a la vida de uno. Y esta labor es de LOS CUENTOS DE HADAS: verdaderas obras de arte en las que su significado más profundo será distinto para cada persona e incluso para la misma persona en diferentes momentos de su vida.

Los cuentos de hadas (muchos de ellos sin hadas) enriquecen vidas, estimulan imaginaciones, elaboran conflictos, eliminan ansiedades, clarifican emociones presentando la realidad tal cual es: el amor mezclado con el odio, la angustia, el sufrimiento, el miedo a ser abandonado, la vejez, la muerte: el mundo en que vivimos y que muy a menudo los adultos tratamos de ocultar.

Pulgarcito, la Cenicienta, Blancanieves, Hansel y Gretel, los Tres Cerditos y muchos otros ayudaron a que, en nuestro interior, dejaran de rugir las pulsiones y sentimientos más voraces que no sabíamos colocar. Nos ayudaron a reconocer nuestras dificultades al mismo tiempo que nos proponían soluciones a lo que nos inquietaba. Tomaban muy en serio los conflictos que vivimos de niños, sin negarlos u omitirlos.

El niño va observando el mundo en el que vive y se va haciendo preguntas, muchas de ellas acerca de su seguridad en él. Amar intensamente a los padres y a la vez detestarlos, genera un malestar increíble. Esta ambivalencia, el cuento la permite vivir sobre la ficción. Si son sus padres los que cuentan el cuento, el niño deduce que ellos aprueban sus pensamientos más inconfesables. Esta seudo aprobación de su intimidad le ayuda a tener confianza en sí mismo primero, para aprender a confiar en la vida después.

“El niño necesita que se le dé la oportunidad de comprenderse a sí mismo en este mundo complejo con el que tiene que aprender a enfrentarse, precisamente porque su vida, a menudo, le desconcierta. Para poder hacer eso, debemos ayudar al niño a que extraiga un sentido coherente del tumulto de sus sentimientos. Necesita ideas de cómo poner en orden su casa interior y, sobre esta base, poder establecer un orden en su vida en general. Necesita aprender las ventajas de una conducta moral, no a través de conceptos éticos abstractos, sino mediante lo que parece tangiblemente correcto y, por ello, lleno de significado para el niño”. B.Bettelheim

Al hacer referencia a los problemas humanos universales, especialmente aquellos que preocupan a la mente del niño, estas historias hablan a su pequeño yo en formación y estimulan su desarrollo, mientras que, al mismo tiempo, liberan al preconsciente y al inconsciente de sus pulsiones.

“Para poder dominar los problemas psicológicos del crecimiento —superar las frustraciones narcisistas, los conflictos edípicos, las rivalidades fraternas; renunciar a las dependencias de la infancia; obtener un sentimiento de identidad y de autovaloración, y un sentido de obligación moral—, el niño necesita comprender lo que está ocurriendo en su yo consciente y enfrentarse, también, con lo que sucede en su inconsciente”.

Bettelheim quiere señalar así que desde niños aprendemos a comprender no racionalmente sino dando orden y fantaseando sobre el significado de la historia y sus elementos significativos. En este sentido, los cuentos de hadas tienen un valor inestimable, puesto que ofrecen a la imaginación del niño nuevas dimensiones a las que le sería imposible llegar por sí solo.

Muchos padres creen que los niños únicamente deberían estar en contacto con el lado bueno de las cosas, la parte de realidad consciente y no con sus angustiosas fantasías inconscientes.

El psicoanálisis se creó para que el hombre fuera capaz de aceptar la naturaleza problemática de la vida sin ser vencido por ella o sin ceder a la evasión. Freud afirmó que el hombre solo logra extraer sentido a su existencia luchando valientemente contra lo que parecen abrumadoras fuerzas superiores.

Y ésta es precisamente la clave del mensaje que los cuentos de hadas transmiten a los niños: que la vida presenta serias dificultades que hay que combatir y luchar, que son inevitables y que tarde o temprano nos toparemos de bruces con ellas. Y que si nos enfrentamos a ellas, seguros de nosotros mismos, atravesando con esfuerzo los obstáculos muchas veces injustos, podremos salir finalmente victoriosos.

“Si deseamos vivir, no momento a momento, sino siendo realmente conscientes de nuestra existencia, nuestra necesidad más urgente y difícil es la de encontrar un significado a nuestras vidas. Como ya se sabe, mucha gente ha perdido el deseo de vivir y ha dejado de esforzarse, porque este sentido ha huido de ellos. La comprensión del sentido de la vida no se adquiere repentinamente a una edad determinada ni cuando uno ha llegado a la madurez cronológica, sino que, por el contrario, obtener una comprensión cierta de lo que es o de lo que debe ser el sentido de la vida, significa haber alcanzado la madurez psicológica. Este logro es el resultado final de un largo desarrollo: en cada etapa buscamos, y hemos de ser capaces de encontrar, un poco de significado congruente con el que ya se han desarrollado nuestras mentes”. Bruno Bettelheim, Psicoanálisis de los Cuentos de Hadas.

MIEDO A VOLAR

VITAE PSICOTERAPIA

Psicoactualidad | Fuente: Vitae Psicoterapia

Se acercan fechas en las que viajar suele ser una meta a muy corto plazo. Tener que coger un avión es lo que puede hacer que esa meta llegue o no a alcanzarse. Trabajo, visitar amigos o familia, conocer mundo… distintos motivos nos llevan a tomar un vuelo. Pero: ¿cuáles son los motivos de aquellas personas que lo evitan a toda costa? 

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