Vivir sin mamá

“Un día como hoy mi hermano volvió a nacer; bueno, en realidad sería una noche como hoy porque el accidente ocurrió sobre las 22:30 de la noche. Una noche muy cerrada y cubierta de niebla. Nada tiene que ver con este sol de hoy”.

Así comenzó mi mañana. Esta mañana del 20 de noviembre de 2020 en mi sesión de las 9:15am. Un trocito de sesión de mi querida paciente M, de mami. Con todo su permiso y todo mi cariño.

“Salvó su vida siendo un bebé de dos años, y en la oscuridad de la noche, desorientado y envuelto en llanto, fue capaz de encontrar a su mamá, a mi mamá, y acurrucarse junto a ella. Salvó su vida pero perdió a su mamá. A mi mamá. Y eso nos marcó de por vida”.

Perder a los progenitores cuando aún somos bebés puede producir un daño psíquico irreparable.
Estas roturas influyen en la constitución, desarrollo y

funcionamiento del aparato psíquico de un individuo.
Fisuras con efectos devastadores si ocurren en la primera infancia de un sujeto. Fragmentaciones irreversibles.

Winnicott concebía al bebé desde una primera unidad indivisible madre – hijo, y a la que se sumará el padre algo después. Plasmaba esta preciosa ecuación:
Un bebé atendido por una madre volcada a él y el padre como sostenedor de este vínculo desde su inicio.
Winnicott entendía que no existe bebe sin su madre, y que no hay madre capaz de cumplir con todos los requerimientos del bebé en sus primeras etapas, si no hay un padre o 3° que haga la función de contener a esa madre. En definitiva habla de SOSTENER.
El uno al otro…y el otro a ambos.
No nos detengamos en las figuras de madre/padre sino en funciones materna/paterna ya que Winnicott siempre habla de “sustitutos”.

Pero no siempre aparecen figuras de sostén o cuidadores que ejerzan la función materna o paterna y quedar huérfano supone la ruptura con el mundo, con la realidad…. quedamos heridos, abandonados y con un sentimiento de vacío que trataremos de llenar de realidad o de fantasía. Quedamos en oscura soledad.

Huérfano: “Que carece de una cosa, cualidad o característica necesaria; en especial de algún tipo de protección o ayuda de la que debería gozar”.

Quedar si amparo. Sin protección.

Con las figuras paternas, y en concreto en esos dos primeros años de vida con la figura de la madre, podremos reconocernos y ser reconocidos.
La capacidad de sostener al niño, de recoger su incomodidad, sus llantos, sus emociones displacenteras….y descargarlas de toda angustia y devolverlas en amor para que el niño pueda recogerlas de otro modo es una de las funciones más importantes que ejercen los progenitores. Es decir, para que desde niños podamos desarrollar bienestar, seguridad, comprensión y amor, dependemos del estado anímico abierto de nuestros padres dispuestos a recoger todo lo que volquemos en ellos.

¿Y qué puedo volcar yo y dónde?
¿Qué sujeto soy ahora en esta familia?

Aparece como siempre la búsqueda de sentido.

“La Búsqueda de sentido” que da nombre a mi querido blog y que hace de espejo en cada uno de mis textos a la necesidad de volver a ser…de renacer…de florecer….

Y cuando papá o mamá ya no están, aparece una búsqueda sin fin, de ser REconocido.
En muchas ocasiones nos va a sostener el ideal, y en otras tantas las identificaciones. Pero la búsqueda de sostén a veces no cesa y desea nutrirse de por vida.

“Pues aunque jamás se me olvidará esta fecha, hoy siento una tristeza distinta porque tuve que contar, casi con los dedos, los años que han transcurrido desde su muerte. ¿Cómo es posible que una hija pueda olvidar algo así si cada día de su vida siente la ausencia de su madre?
Pues hoy he sido consciente de eso, de que no recordaba cuántos años llevo viviendo sin ella.
Treinta y cuatro.
Parecen infinitos….son eternos…una vida entera.
A veces siento mucha envidia por pronunciar la palabra “mami”. Yo la llamaría siempre mami”.

Desde bebés experimentamos la angustia de separación. Ligada ésta a un miedo a morir que nos acompaña a lo largo de la vida, como si de nuevo fuéramos esos niños a los que mamá deja en la guarde sin saber si va a volver por nosotros.
De ahí la necesidad de elaborar el duelo de separación muy primariamente para no quedar atrapados en ese temor inconsciente a la perdida. Para no tener que buscar a mamá en las drogas, la comida, las compulsiones, el alcohol…queriendo sentir la misma satisfacción que la que sentimos arrullados en sus brazos.

Necesitamos tener una mamá en nuestra mente para no sentir el vacío y desconsuelo de la pérdida. Para no sentirnos huérfanos sin rumbo devastados por no saber contener el dolor. Un dolor que nuestra mamá omnipotente siempre hubiera arrancado de nuestra alma.

Me acuerdo de ti sin conocerte.
Te sueño despierta sin que Morfeo me visite.
Veo tu rostro en mis manos sin tener tu espejo frente a mi.
Y te veo.
Miro desde el anhelo de un abrazo tuyo.
Siento tus manos enredadas en mi pelo y adoro que me duermas así.
No oigo tu voz, ni tu risa pero escucho mi llanto. Siempre llamando a tu presencia.
Me pregunto si soy como tú. Si tu belleza es mi apellido.
No sé si te reconoceré.
No sé si vendrás a buscarme.
Sigo viviendo sin ti sin saber cómo se llega hasta aquí.
Sigo buscando quién soy sin ti.

A tod@s los que se tuvieron que nutrir del recuerdo de haber sido hijos.

 

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